Después del vistoso partido
que disfrutamos el miércoles en Mestalla, nos esperaba el Sevilla de Marcelino.
Nuestra bestia negra.
Si hay un partido que todo
valencianista espera perder es éste.Porque no es la primera vez. Llegas y te mentalizas de que eres mejor
que el rival, de que toca ganar para mantener el buen nivel demostrado contra
el Barcelona, pero pronto te topas de frente con la realidad.
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foto extraída de www.superdeporte.es |
El Vasco quiso hacer de
nuevo un experimento en el once, dispuso eso que llaman trivote y lo formaron
Banega, Tino y Maduro. Atrás mantuvo la misma defensa y adelante reservó a Soldado
y dio una oportunidad a Adúriz.
El once venía determinado
por las rotaciones, pero el problema no eran los jugadores nuevos o los que no
estaban. Lo que no funcionó es el sistema, Maduro ocupó la plaza de un central
más y no por ello se defendió mejor. Al contrario, dicen los que saben de esto,
que Victor Ruiz estuvo desubicado porque no sabe jugar con tres centrales.
Que Unai se equivocó es
irrefutable, que los jugadores tienen parte de culpa también. La duda está en
si el mal juego es causado más por falta de intensidad o porque los jugadores
no sabían realmente a que jugaban.
Al fallo de planteamiento hay
que añadir que delante tienes al equipo que más sabe como desquiciarnos, que
juegan el llamado “otro fútbol” y que nosotros no tenemos ni idea de lo que és.
Esa otra feceta del fútbol es la que explica que contra un equipo en
inferioridad no sepas sacar ventaja y remontar el partido.
Porque tuvimos una
oportunidad única, jugando con un hombre más tras la expulsión de Trochoswki, tuvimos
otra con el penalty que falló Banega y que dejaba al Sevilla con 9. Después
todos se acordarán de la expulsión de Adúriz, de los ridículos aspavientos de
Fernando Navarro y el cuento de Spahic y de las clásicas pérdidas de tiempo del
equipo hispalense.
No voy a decir que fuera
injusta la derrota, pues a ellos se les anuló un gol legal y nunca dimos la
sensación de ser mejores jugando 11 contra 11. Así que ahora toca olvidar esos
noventa minutos, pero si es posible, haciendo el favor de no repetir el mismo
error.
La Champions es una
oportunidad más de que Emery recupere la cordura y que descubra lo que
significa ganarle a un grande. Mientras tanto, partidos como el del sábado
siguen alimentando de argumentos a las voces más críticas del técnico de
Hondarribia.