En mi último post describía mis sentimientos sobre el primer
ridículo protagonizado por el equipo de Pellegrino y analizaba por qué esta
clase de actuaciones no podría soportarlas más. También comentaba a modo de
vaticinio que tardó poco en cumplirse, que al Flaco no le permitirían 4 años
para buscar soluciones, como al bueno de Unai.
Sin embargo lo que nunca podía prever es que tan solo una
semana después viviríamos un nuevo despropósito del Valencia CF, esta vez en su
propio fortín de Mestalla y este sería más ridículo aún que el acontecido en
Málaga. La actuación valencianista volvió a ser pobrísima, vergonzosa e indigna
de un equipo de su nivel.
El resultado final de 2-5 contra un rival de media tabla,
fue el detonante que propició todos los acontecimientos que en tiempo record
han tenido lugar en el seno de la entidad. La grada, no sin razón, clamó contra
los jugadores, acusándoles de mercenarios y de no ser dignos de vestir los
colores valencianistas. La nota curiosa no fue esa, lo realmente destacable es
que por primera vez desde que Llorente dirige el club, se escucharon claramente
cánticos a favor de su dimisión.
A partir de ahí, con el valencianismo pendiente de lo que
pudiera ocurrir, se desató la locura que terminó con la destitución prematura
de Mauricio Pellegrino, Se produjo un cruce de declaraciones entre el ya ex
entrenador y el presidente y los desesperados intentos del mismo Llorente y
de Braulio por justificar el despido y esconder sus propias vergüenzas.
En el momento de escribir esto puedo defender sin miedo el
calificativo de prematuro a raíz de la
noticia aparecida en el diario Marca que
sacaba a la luz el arrepentimiento del propio Llorente de la decisión tomada.
Aunque la realidad es que con o sin llamada la decisión es cuanto menos
drástica y precipitada y suma un nuevo fracaso en la teórica “buena gestión” de
Manolo Llorente.
Es un fracaso claro si tenemos en cuenta que Pellegrino fue
una apuesta personal de Llorente quien lo fichó ofreciéndole dos años de
contrato. Por tanto, gasto extra para la entidad que tendrá que abonar el
finiquito integro que podría ascender a 3 millones de euros a un técnico que ha
estado al frente del equipo tan solo durante 6 meses.
Cuestiones monetarias aparte, lo preocupante es la sensación
patente que le queda al aficionado de que esta valencia viaja sin rumbo, sin un
plan definido y sólido que trabaje por un objetivo común que implique éxitos
deportivos. El único propósito parece estar en seguir pagando religiosamente
intereses a una entidad nacionalizada que es dueña y señora del devenir
valencianista.
Lo que más me jode de todo esto, y lo expreso así de
rotundo, es la sensación de haber estado perdiendo el tiempo durante lo que
llevamos de temporada, intentando dilucidar si este Valencia de Pellegrino,
ofrecía alternativas al que manejaba Unai. Semana a semana tanto yo como muchos
otros valencianistas que pierden su tiempo analizando el día a día del equipo
debatíamos en nuestros blogs y en improvisadas tertulias de twitter sobre los
cambios que observábamos en el juego o en la actitud de los jugadores.
Dicha actividad finalizó junto con el periodo Pellegrino
después de una de las semanas más negras que el Valencianismo recuerda con las
dos goleadas consecutivas encajadas que frenaban lo que para mi era una lenta pero
clara progresión del equipo que tuvo su techo en la muestra de coraje ante el
Bayer y toco suelo en casa contra la Real, donde se vio un equipo involucionar
hacia el fútbol más primitivo y deprimente que se pueda imaginar.

Ahora se supone que inmediatamente debemos hacer borrón y
cuenta nueva y confiar en Valverde para que pueda reconducir al equipo hacia
posiciones Champions. Pero esos interrogantes que preocupaban a Pellegrino se
subrogan a modo de hipoteca a la afición. Nos quedan las preguntas de cual es
el verdadero nivel de esta plantilla, cuyos componentes que destacan son
ofrecidos al mercado y vendidos a la primera oferta sin interponer demasiados
obstáculos en la transacción. Vemos como estas ventas sirven para fortalecer
rivales directos y como esos jugadores que se forjan como Cracks en el yunque
del Turia triunfan en grandes clubs y levantan copas ansiadas por los
resignados valencianistas. Seguidores impotentes que actualmente solo pueden
añorar tiempos mejores y esperar un milagro en forma de persona adinerada capaz
de reformar y sanear el Valencia de una vez por todas.
No se si la llegada de Valverde traerá consigo el fútbol
necesario para que las gradas de Mestalla se repueblen de nuevo, para que
sepamos a qué jugamos, para gozar de una cierta seguridad a la hora de afrontar
el visionado de un nuevo partido sin temer un nuevo ridículo. Sinceramente lo
dudo, creo que sufriremos una nueva época de probaturas y de dudoso caminar. Y como
decía siempre un pesimista oyente del programa de Julio Insa “ojalá
me equivoque”, pero no espero gran cosa de esta temporada, por si acaso yo ya
no me hago ilusiones, ni siquiera de estar en Europa la próxima temporada.
Me contentaré con que este equipo me de alguna alegría en la
liga de campeones, soñaré con ver alguna eliminatoria importante y jugarla de tu
a tu como antaño, deseo con ansia poder celebrar tan solo un éxito contra los
intocables de la liga, una victoria que se resiste ya demasiado tiempo.
Para acabar, me propongo no pasar de 1000 palabras según Word
y como ya le dije por Twitter al controvertido pero genio y figura del
valencianismo Julio Insa, le vuelvo a sugerir desde este humilde blog que vuelva a dejarse crecer ese mítico bigote que se llevó con su afeitado la esencia de un Valencia que aunque ahora sea inimaginable fue en su día campeón y provocaba el miedo entre sus rivales europeos.
fotos extraídas de http://www.facebook.com/ValenciaCF/photos_stream