Se acercaban las semifinales. Esta vez sí que apetecía verlas. Por primera vez en la historia disputábamos un puesto en la final del mundial. Se empezó con mal pie, consiguiendo a pesar de ello pasar a octavos como primera de grupo, luego nos medimos a los vecinos portugueses anulando casi por completo a sus grandes estrellas. Después nos vimos las caras contra los paraguayos, bravos y valientes, en otro partido de sufrimiento sin fin, en el que se logró romper la mala racha de los cuartos de final.
El destino nos deparaba una semifinal contra la rocosa Alemania, la selección que venía arrasando en el mundial, la que más goles metía, y que había eliminado nada menos que a Inglaterra y a Argentina endosándole cuatro goles a cada una.
Nuestro país se había preparado bien, algunos con miedo, otros muy optimistas, las banderas de España ondeaban en todos los rincones, como nunca antes lo habían hecho, orgullosas de unos colores y de unos hombres que están haciendo soñar y disfrutar del buen fútbol a millones de espectadores en todo el mundo.
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| Otro once histórico. |

