Martes 29 de junio. Día marcado en rojo en el calendario porque juega la roja. Se disputa una plaza en los cuartos de final, esta vez contra una selección de las peligrosas. Nada menos que la Portugal de cristianito Ronaldo y de varios jugadores de sobra conocidos en la liga española. Ya habían jugado las demás y para el final quedaba ver uno de los cruces más igualados. Yo me había preparado para la ocasión, había quedado con paquito, con quien el día anterior había estado viendo a la siempre favorita Brasil. Paco es un amigo que siempre está ahí, había acabado los exámenes y me propuso ver el partido en su casa. Sus argumentos eran irrebatibles.
_ “Pues podríamos comprar una birras o unos bricks de sangría y ver el partido en mi casa”
_ A lo que respondí: “¡Hostia pues si! Además con el proyector que te has pillado se tiene que ver de puta madre. ¡Hecho!, mañana a tu casa. Prometo no crear un evento en el facebook para que venga toda la peña.”
Este diálogo aproximación de la realidad forjo el compromiso y llegó la hora del partido. Sacamos la botellita de Don simón y nos dispusimos a ver a lo grande el esperado partido.
No voy a hacer una extensa crónica del partido sobre cada una de las jugadas, pero si daré mi impresión sobre lo que se pudo ver ayer en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo.
Todo empezó como queríamos, España salió con las ganas necesarias para un choque de estas características. Se adueñó de la pelota y pronto creamos las primeras ocasiones con buenos disparos a puerta de Villa y Torres que el acertado portero Eduardo se encargó de desbaratar.

